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¿PUEDE UN GEN SER EGOÍSTA?

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Richard Dawkins, etólogo, zoólogo, biólogo evolutivo y divulgador científico nacido en Kenia el 26 de marzo de 1941, es el autor de El gen egoísta, la “biblia” del determinismo genético para algunos. Pero, para otros, una excelente explicación de la evolución con los genes como protagonistas, más allá de sus portadores. No por algo se trata de un best seller.

El gen egoísta

El gen egoísta, en palabras simples, nos dice que son los genes los que nos usan para replicarse e ir de generación en generación. El gen es la unidad básica de la selección natural. La evolución actúa sobre los genes. Los mejores adaptados, los que ayudaron a la supervivencia, estos son los que se replican y sobreviven sin importar mucho quién es el portador, sea un animal, una flor o inclusive un ser humano.

Este concepto deja al fenotipo (nuestras características visibles) de segundo plano. Y aunque el fenotipo sea el medio visible que ayuda a la supervivencia y reproducción de los individuos, esto último sería un fin secundario ya que lo que busca el gen es un huésped, cualquiera que fuere, a través del cual pueda transferirse y perpetuar. El gen no piensa ni se preocupa en o por la supervivencia de su portador. Pero, ¿acaso lo hace en sí mismo?

Controversias

Lo expuesto en El gen egoísta sugiere que la selección natural es amoral. Lo único que a ella le interesa es dejar perdurar a los genes actuando de modo “egoísta” al separar o eliminar a los que no ayudan a la supervivencia de los que no. Esto llevó a filosofas como Mary Midgley a rechazar o cuestionar la idea ya que pareciera que se le da a los genes una intención o conducta. Ella indica que “los genes no pueden ser egoístas ni generosos, así como tampoco los átomos pueden estar celosos, los elefantes son incapaces de razonamiento abstracto y las galletas no pueden opinar acerca de la doctrina de las causas finales”. Por supuesto, Dawkins se defendió diciendo que la filósofa hizo una falacia de hombre de paja. Él había dejado en claro que los genes no son egoístas en el sentido habitual que entendemos en los humanos, sino que actúan de un modo metafóricamente análogo. Es decir, no hay intencionalidad consciente en los genes, sólo se dice que ellos “buscan” perdurar en el tiempo sin importar nada más y se usa la palabra “egoísta” como las formas más intuitivas y familiares en que podríamos entender el asunto.

Otro aspecto que cuestionó Midgley del libro es que no son pocos los aspectos de la fisiología o el comportamiento que no son manejados exclusivamente por los genes. Es decir, señaló un determinismo genético en el libro (todo está manejado por los genes). Sin embargo, Dawkins dejó en claro también que los fenotipos son siempre un producto de los genes y el ambiente. Tal como lo dijo el genetista Craig Venter en la presentación del genoma humano: «No somos presos de nuestros genes. El ambiente influye en nuestra vida de modo constante».

¿Si es natural, es bueno?

Un tema que también trajo mucho debate es el uso de una falacia naturalista como argumento para criticar el libro, el cual se interpretó como la justificación para una moral dudosa. Es decir, argumentaron que si los genes que sobrevivieron han fomentado la violencia, los crímenes o comportamientos de una moral cuestionable y condenable se deducía que todo esto debía de ser bueno. Pero estaban equivocados: lo natural no significa correcto. Lo que se quiso hacer en el libro es explicar como pueden aparecer ciertas conductas en el ser humano, no justificarlas.

«El gen egoísta provocó una revolución silenciosa y casi inmediata en la biología. Las explicaciones tenían tanto sentido, los argumentos fundamentales se exponían con tanta claridad y los aspectos básicos derivaban con tanta perfección de los principios fundamentales, que tras la lectura de este libro es difícil entender de qué otro modo podría haber sido el mundo en el que vivimos.»

Alan Grafen

Conclusión

A pesar de los cuestionamientos que fueron debidamente explicados, el libro aportó al desarrollo de la psicología evolutiva y de la sociobiología, disciplinas que explican el comportamiento humano en términos de adaptación darwiniana. Científicos como L. Cosmides, J. Tooby, D. Buss y S. Pinker aumentaron de modo terminante como muchos fenómenos sociales como la cooperación, agresión, chismorreo y distintas actitudes que se han visto en distintas culturas pasadas o actuales, están en todas partes porque tuvieron alguna utilidad para la supervivencia, para el bienestar de la sociedad, asegurando así que estas actitudes traídas por los genes se perpetúen, replicándose, ya que fueron influyentes en distintos contextos. Sin duda esta susceptibilidad a la selección de los genes, de nuestros genes egoístas, nos ha hecho quienes somos el día de hoy.


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