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TALES DE MILETO | LA IDEA DE LA CIENCIA

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En el año 600 a.e.c., un hombre que vivía en Mileto, un puerto al oriente del mar Egeo y la ciudad más prospera del mundo griego en ese entonces, dijo que todo el universo estaba formado de agua. Estaba equivocado, por supuesto, pero lo importante de este acontecimiento es el modo en que llegó a una respuesta, modo que daría inicio a uno de los más grandes logros del ser humano: la ciencia.

Los dioses de las aguas

Es natural que Tales hubiese concluido que el agua era lo que formaba todo en el universo. En sus viajes de juventud había observado cómo las crecidas del Nilo dejaban tras suyo nueva Tierra fértil, por lo que no había motivo para no pensar que del agua venía todo. Además, el agua se encontraba en todo lugar: en el aire, en el suelo y debajo de éste.

Los primeros griegos creían que la Tierra era un disco plano rodeado por un río de agua salada que se personificaba en un Titán llamado Oceanus, hijo directo de Urano y Gea, de donde proviene el término actual “océano”, quien según algunas versiones de la mitología, era padre de todos los dioses.

Los babilonios también respondían la cuestión de manera similar: el agua dulce era un dios llamado Apsu, mientras que el agua salada era una diosa llamada Tiamat; ambos esposos y padres de todos los demás dioses de los que vendrían los cielos y la Tierra.

Del mito al Logos

Tales seguía diciendo que el universo estaba formado de agua, pero la diferencia era importantísima: tales no atribuía el agua a ningún dios, simplemente decía que el universo estaba hecho de agua. ¿Qué representa esta diferencia?

En un universo gobernado por dioses, las cosas que suceden a nuestro alrededor estaban supeditadas a su voluntad y capricho. Si mañana llovía o salía el Sol era porque los sacerdotes habían hecho los rituales adecuados. Lo importante era hacer templos, diseñar ritos y seguirlos a cabalidad y si llegaban a fallar, modificarlos un poco y seguir intentando hasta agradar a los dioses. No había pautas claras que pudiéramos encontrar en la naturaleza.

La idea novedosa de Tales era que el universo se rige a sí mismo a través de leyes y no es gobernado por el capricho de los dioses. Entonces todo cambiaba: ahora tenía sentido estudiar el movimiento de los astros, el ciclo del agua, estudiar las plantas. El Sol seguía patrones que valía la pena analizar porque no dependía de ningún dios si salía al día siguiente o no. Tales puso de manifiesto que existían leyes de regían el universo y que podíamos acceder a ellas a través de la razón.

La “inmortal” idea de la ciencia

Ahora, en el siglo XXI, sabemos muy bien que Tales estaba equivocado, que el universo está formado de pequeñas partículas de las cuales venimos aprendiendo cada día más, pero para hacerlo seguimos usando los mismos principios: que existen leyes naturales y que podemos conocerlas a través de la razón.

En la década del 20 del siglo pasado, Werner Heisenberg nos enseñó que no podemos pedir con exactitud la posición y la velocidad de una partícula, haciéndose imposible hacer predicciones acerca de la trayectoria de dicha partícula. ¿Mina esto los postulados base de la ciencia? Claro que no. El principio de incertidumbre es, a su vez, una ley de la naturaleza. Conocerla nos ha llevado a saber muchas otras cosas, que de otra manera serían inexplicables. La ciencia ha comprobado que el conocimiento tiene sus límites, pero aun así, los postulados que introdujo Tales, hace más de 2500 años, siguen siendo válidos.

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