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LA PARADOJA EINSTEIN-PODOLSKY-ROSEN

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Los experimentos cuánticos sugieren que las partículas están entrelazadas de tal manera que aunque estén muy separadas a ambos extremos del universo, pueden intercambiar información de manera inmediata. Einstein, Podolsky y Rosen nos muestran lo absurdo que les parecía esto a través de una paradoja que ahora lleva sus nombres.

La paradoja Enstein – Podolsky – Rosen

Albert Einstein nunca se mostró de acuerdo con la interpretación de Copenhague, según la cual los sistemas cuánticos existían en inciertos estados probabilísticos hasta que eran observados, tal como explicábamos en nuestra entrada anterior. Consideraba que la teoría cuántica, probabilística como era, debía ser, cuando menos, incompleta; ya que «Dios no juega a los dados». Para mostrar su descontento, junto con los físicos Boris Podolsky y Nathan Rosen, plantearon la siguiente paradoja:

Imaginemos una partícula «madre» que se descompone en dos partículas «hijas». Si la partícula madre es estacionaria, cuando se divida, las partículas hijas deberán tener sus momentos lineales y angulares iguales (spin) y opuestos para que juntan hayan podido representar el equilibrio estacionario del que vienen. Esto significa, entre otras cosas, que cada unas de las partículas deberá girar a la misma velocidad, pero en dirección opuesta. Aunque se separen todo lo que quieran en el universo, las partículas seguirán teniendo sus propiedades opuestas.

Según la interpretación de Copenhague, cada una de las partículas debía estar en estado de superposición respecto a su spin; es decir, que deberían estar girando en ambos sentidos a la vez hasta que la observemos y la función de onda (la probabilidad de que esté girando hacia un lado o hacia otro) colapse a una sola posibilidad: la que observamos. Una vez colapsada la función de onda en una de las partículas, inmediatamente colapsará la función de onda en la otra, ya que sabríamos que está girando en el sentido opuesto de la partícula que observamos. Tal como sabríamos el color de ojos de un segundo gemelo al observar los ojos del primero, aunque se encuentre al otro lado del universo.

Lo que cuenta son los experimentos

«No importa lo bella que sea tu teoría. No importa lo inteligente que seas. Si no está de acuerdo con el experimento, es incorrecto».

Richard P. Feynman

Dado que Einstein ya había demostrado que la velocidad de la luz era insuperable. Para ellos era absurdo que observar la primera partícula pudiera tener efectos sobre la segunda. Y si la teoría cuántica dejaba espacio para esto, debía ser incorrecta. Sin embargo, el que estaba equivocado era Einstein y compañía. Se ha comprobado experimentalmente que el entrelazamiento cuántico es cierto. Inclusive se han desarrollado tecnologías que funcionan con base en este principio, como computadores cuánticos y avances en teletransportación cuántica. ¿Increíble, no?

Si quieres saber más datos interesantes de física cuántica puedes hacer clic aquí.

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