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EVIDENCIAS DE LA EVOLUCIÓN | EL “ESLABÓN PERDIDO”

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En la época de Darwin no había fósiles de ningún tipo que nos relacionaran con nuestros parientes más cercanos, los monos. Darwin sólo tenía monos vivos y los utilizó bien. Dedujo que los africanos gorilas, chimpancés y bonobos, debían ser nuestros parientes vivos más cercanos. Por lo tanto, predijo que si queríamos encontrar fósiles de nuestros ancestros debíamos buscar ahí, en África. Aun así, fue en Asia donde se buscaron y encontraron los primeros «eslabones perdidos». Ahí comenzaron a ser menos perdidos.

Los primeros «eslabones perdidos»

A los primeros fósiles descubiertos se les llamó Hombre de Java y Hombre de Pekín, por el lugar en los que fueron descubiertos. Eugene Dubois descubrió al primero en 1891 y lo llamó Pithecanthropus erectus (hombre-mono erguido). Más tarde, se les daría a ambos la clasificación de Homo erectus. Sin embargo, ambos eran relativamente recientes. Tenían apenas una antigüedad de un millón de años. El fósil más antiguo conocido fuera de África se encontró en Georgia, en Asia Central, y se denominó Hombre de Georgia. Se trataba de un cráneo bastante bien conservado, datado en un millón ochocientos mil años de  antigüedad. Se le llamó Homo georgicus. Pero hasta este punto seguimos hablando del género Homo. Si queremos hacerlo de un género anterior, tenemos que volver un poco más en el tiempo e ir con la imaginación hasta África.

Hombre de Pekin. Homo erectus.

Pero antes, quiero aclarar qué características esperamos que tenga nuestro «eslabón perdido». Si bien no descendemos de los chimpancés, es razonable suponer que el antepasado común que compartimos fuera más parecido a ellos que a nosotros. ¿Qué atributos habría tenido un espécimen intermedio entre ese ancestro común y nosotros? Se supuso que algunos de los siguientes:

  1. Un tamaño intermedio del cerebro y una forma de andar intermedia: quizá una marcha ligeramente encorvada y arrastrando los pies en lugar del porte erecto actual.
  2. Un cerebro del tamaño del de un chimpancé y un andar erguido.
  3. Un cerebro grande, parecido al humano, y un andar como el del chimpancé, a cuatro patas.

¿Se ha hallado algo de esto analizando los fósiles que se han encontrado en el África? Veamos…

Lucy

El fósil más famoso de los encontrados en África es Lucy, clasificado por su descubridor en Etiopía, Donald Johanson, como Australopithecus afarensis. Por desgracia, sólo tenemos fragmentos del cráneo de Lucy, pero su mandíbula inferior se ha conservado inusualmente bien. Era una hembra pequeña según los estándares actuales. El esqueleto de Lucy está suficientemente completo como para sugerir que caminaba erguida sobre sus pies, pero es probable que también encontrara refugio en los árboles, pues era una trepadora muy ágil. La conclusión que se obtiene a partir de los estudios de Lucy y otros hallazgos parecidos es que tenían cerebros del mismo tamaño que los chimpancés, pero, a diferencia de estos, caminaban erguidos sobre sus patas traseras, como nosotros. Se cumple el segundo de nuestros tres escenarios hipotéticos. Parece muy probable que las especies a las que llamamos Australopithecus afarensis (la especie de Lucy) incluyeran a nuestros antepasados de hace tres millones de años.
Lucy. Australopithecus afarensis.

El niño de Taung

Se han clasificado otros fósiles en diferentes especies del género Australopithecus y casi se podría asegurar que nuestros antepasados eran miembros de ese género. El primer australopithecino descubierto fue el llamado Niño de Taung y por lo tanto es el espécimen tipo del Australopithecus africanus. Fue descubierto en 1924 por el antropólogo sudafricano Raymond Dart, quien lo llamo así. Ligeramente más antiguo que el Niño de Taung, uno de los cráneos mejor conservados que tenemos, aunque carece de mandíbula inferior, es el llamado Señora de Ples. Fue clasificada originalmente en el género Plesianthropus (casi humano), que parece ser un mejor nombre que Australopithecus que significa “mono del sur”. Pero luego los taxonomistas decidieron que era del mismo género que el niño de Taung, Australopithecus africanus. La mayoría de antropólogos coinciden en que nuestro supuesto espécimen intermedio debería encontrarse entre el género Homo y el Australopithecus. Así que analicemos ahora algunos fósiles que se encuentran entre la Señora de Ples o el Niño de Taung (Australopithecus africanus de dos millones de años de antigüedad) y el Hombre de Java o de Pekín (Homo erectus de un millón de años de antigüedad).
Niño de Taung. Australopithecus africanus.

Twiggy

Existen dos cráneos llamados KNM ER 1813 y KNM ER 1470. Aunque todavía clasificados dentro del género Homo, estos dos cráneos tienen una apariencia más humana comparado con el de la Señora de Ples, que tiene una apariencia más de mono, con la cara más salida hacia delante y también con una cavidad craneal menor. KNM ER 1813 está clasificado como Homo habilis, y KNM ER 1470 como Homo rudolfensisPor otro lado, tenemos el cráneo llamado Twiggy, que se suele clasificar actualmente como Homo habilis, pero su hocico, que apunta hacia fuera, lo acerca más a la Señora Ples que a ER 1470 o a ER 1813. No nos sorprendería si nos dijeran que Twiggy ha sido situado por algunos antropólogos en el género Australopithecus y por otros en el género Homo. De hecho, cada uno de estos fósiles ha sido, en varias ocasiones, clasificado como Homo habilis o como Australopithecus habilis. Inclusive, en ciertos momentos han dado a ER 1470 un nombre diferente, cambiando habilis por rudolfensis. Y para rematar todo esto, el nombre específico rudolfensis se ha vinculado a los dos nombres genéricos, Australopithecus y HomoEn resumen, estos tres fósiles han sido denominados de formas diferentes por autoridades diferentes en momentos diferentes, con la siguiente lista de nombres :
  • KNM ER 1813: Australopithecus habilis, Homo habilis.
  • KNM ER 1470: Australopithecus habilis, Homo habilis, Australopithecus rudolfensis, Homo rudolfensis.
  • Twiggy: Australopithecus habilis, Homo habilis.
Homo rudolfensis.

¿Qué es toda esta confusión de nombres?

¿Debería esto reducir nuestra confianza en la evolución? Todo lo contrario. Eso es exactamente lo que cabría esperar, dado que estas criaturas son todas especímenes intermedios, enlaces que antes faltaban, pero ya no. Deberíamos estar realmente preocupados si no hubiera especímenes intermedios tan cercanos a los límites y, por tanto, tan difíciles de clasificar, pero no es el caso. Desde el punto de vista evolutivo, la asignación de nombres sería imposible si el registro fósil fuera más completo. En cierto sentido, es una suerte que los fósiles sean tan escasos. Si tuviéramos un registro fósil continuo y sin saltos, la asignación de nombres diferentes a especies y géneros se haría imposible, o al menos muy problemática. Veamos por qué: A medida que seguimos hacia atrás la evolución del Homo sapiens, debe de llegar un momento en el que la diferencia con los seres humanos vivos sea suficientemente grande como para merecer un nombre específico, digamos Homo ergaster . Aun así, en cada paso del camino recorrido, los individuos serían presumiblemente tan similares a sus padres y a sus hijos como para ser ubicados en la misma especie. Ahora vamos más lejos hacia atrás, siguiendo el rastro del Homo ergaster, y llegará un momento en el que encontremos individuos lo suficientemente diferentes de la «corriente principal» ergaster como para merecer un nombre específico distinto, digamos Homo habilis. Y ahora llegamos al núcleo de este razonamiento. A medida que nos alejamos aún más, en algún punto debemos empezar a encontrar individuos lo suficientemente diferentes del Homo sapiens moderno como para merecer un nombre de género diferente: digamos Australopithecus. El problema es que «suficientemente diferente del Homo sapiens moderno» es un asunto muy distinto de «suficientemente diferente del primer Homo», que aquí llamamos Homo habilis.

¿El primer humano?

Pensemos sobre el primer espécimen que nació como Homo habilis. Sus padres eran Australopithecus. ¿Pertenecía a un género diferente al de sus padres? Sin duda, no. En realidad, no hay criatura alguna que pueda ser considerada como el primer espécimen de Homo habilis. No hubo primeros especímenes de ninguna especie ni de ningún género ni de cualquier orden o clase o filo. Toda criatura nacida en algún momento habría sido clasificadas (si hubiera tenido cerca un zoólogo para hacerlo) exactamente en la misma especie que sus padres e hijos. Aun así, viéndolo en perspectiva desde la modernidad y con la ventaja (en un sentido paradójico de ventaja) de que dada la falta de la mayoría de los ancestros, nos es posible la clasificación en distintas especies, géneros, familias, órdenes, clases y filos. Como el mismo Darwin dijo en El origen del hombre: «En una serie de formas que van cambiando gradualmente desde alguna criatura parecida a un mono hasta el hombre que ahora existe, sería imposible fijar un punto definido en el que debiera ser utilizado el término “hombre”».

El Niño de Turkana

He mencionado a los Homo ergaster. Ellos son los equivalentes africanos de Homo erectus como el hombre de Java o de Pekín. El espécimen más famoso de Homo ergaster y uno de los fósiles pre humanos más completos jamás encontrados es el Niño de Turkana, o Niño de Nariokotome, descubierto por Kamoya Kimeu. El Niño de Turkana vivió aproximadamente hace 1,6 millones de años y debió de morir con once años de edad. El volumen proyectado de su cerebro de adulto es de unos 900 cm3. Eso era lo habitual en los cerebros de los Homo ergaster/erectus, que oscilaban en torno a los 1.000 cm3. Es significativamente menor que el de los cerebros humanos modernos, que tienen alrededor de 1.300 o 1.400 cm3, pero mayor que el del Homo habilis (alrededor de 600 cm3), que, a su vez, supera al del Australopithecus (alrededor de 400 cm3), que tenían uno similar al de los chimpancés. Hay que recordar que habíamos llegado a la conclusión de que nuestro antepasado tendría el cerebro de un chimpancé, pero caminaría sobre sus patas traseras. A partir de todo ello podríamos suponer que la segunda mitad de la historia evolutiva humana, desde hace tres millones de años hasta el presente, sería un relato sobre el incremento del tamaño del cerebro. Y realmente así es.
Niño de Turkana. Homo ergaster.

¿Eslabones perdidos?

El Homo ergaster/erectus, del que tenemos muchos especímenes fósiles, es un eslabón intermedio muy convincente, ya no perdido, entre el Homo sapiens de hoy y el Homo habilis de hace dos millones de años, que a su vez sería un eslabón maravilloso con el Australopithecus de hace tres millones de años, que, como hemos visto, podría muy bien describirse como un chimpancé que caminaba erguido. ¿Cuántos eslabones necesitamos para aceptar que ya no están «perdidos»? Y, ¿podemos cerrar también el salto entre el Homo ergaster y el Homo sapiens moderno? Sí. Tenemos una gran cantidad de fósiles que cubren los últimos cientos de miles de años y que se sitúan entre ambos. A algunos se les ha situado en nuestra especie, como al Homo heidelbergensis, al Homo rhodesiensis, al Homo neanderthalensis o al recientemente descubierto Homo naledi. A otros (que algunas veces son los mismos) se les ha denominado Homo sapiens «arcaicos». Pero los nombres no importan. Lo que importa es que ya no hay eslabones perdidos. Abundan los especímenes intermedios.
Homo naledi. Descubierto en 2014.

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