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La paradoja de Olbers

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En la historia del pensamiento, nunca ha sido necesario disponer de avanzada tecnología para plantearse cuestiones verdaderamente interesantes. El aparentemente simple hecho de que el cielo nocturno sea oscuro es un claro ejemplo de ello.

Resulta que si el universo es infinito en todas las direcciones, el cielo nocturno no debería ser oscuro, sino brillante como el Sol, debido a que veríamos estrellas independientemente de la dirección hacia la que miráramos. Pero obviamente, sabemos que no es así.

«Si la sucesión de estrellas fuera infinita, el fondo del cielo tendría una luminosidad uniforme, como la que se ve en la Galaxia: ya que no podría haber ningún punto de ese fondo en que no existiera una estrella.»
Edgar Allan Poe

Paradoja de Olbers

Johannes Kepler fue el primero en darse cuenta de la paradoja del cielo nocturno oscuro en el siglo XVII , pero fue en 1823 cuando el astrónomo alemán Heinrich Olbers la formuló por primera vez. Se plantean varías soluciones modernas a esta paradoja. Sin embargo, no deja de ser asombroso cuando nos puede poner a pensar una observación tan simple.

Solución

Una solución a la paradoja es que el universo no sea infinito. Así, no todas nuestras líneas de visión encontrarían una estrella donde sea que se dirija. Una segunda solución podría ser que las estrellas más lejanas sean mucho menos que las más cercanas. Si mientras más lejanas estén las estrellas, más distribuidad están en el espacio, significaría que nuestras líneas de visión también encontrarían espacios donde no hay ninguna estrella y el cielo puede ser oscuro tranquilamente.

¿Pero cómo sabríamos que esta solución se cumple? Una idea es comparar la cantidad de estrellas jóvenes respecto de las más antiguas. Si hay muchísimas menos estrellas jóvenes que antiguas significaría que hay también muchísimas menos estrellas mientras más lejos están en el universo. ¿Por qué? Porque nosotros vemos a las estrellas más jóvenes mientras más lejos están en el universo. ¿Por qué? Porque la luz que salen de ellas nos demoran más tiempo en llegar. Las estrellas que están a 10 años luz de distancia no la vemos como es en el momento que la vemos, sino que la vemos cómo era hace 10 años, cuando la luz que vemos la abandonó. Así, si vemos una estrella a un millón de años luz, la vemos como era hace un millón de años luz, la vemos más joven.

Otra solución

Otro hecho que podría solucionar la paradoja es que las estrellas tienen un tiempo limitado de vida. Así, se puede decir que no ha habido tiempo suficiente en lo que el universo lleva de vida para que se hayan formado estrellas en cualquier dirección donde pongamos nuestra vista. Y posible cuarta solución se puede argumentar que ahora se sabe que mientras más lejos están las estrellas, más rápido se alejan de nosotros, sus espectro se desplazan más hacia el rojo según el efecto Doppler que explicábamos en un artículo anterior que puedes leer aquí y, por lo tanto, son cada vez más tenues. Lo que disminuiría la cantidad de luz que recibimos de las partes más lejanas del universo.

Conclusión

Así, la simple observación de que el cielo nocturno es oscuro nos permite afirmar que el universo no es infinito, que sólo existe desde hace una cantidad de tiempo limitada, que su tamaño es restringido y que las estrellas que hay en él no han existido desde siempre. Sin saberlo, Olbers había cubierto aspectos que aún estudian hoy los cosmólogos modernos. Ahora sabemos que el universo creció a partir de un evento conocido como Big Bang que sucedió hace 14.000 millones de años y que se apoya principalmente en tres evidencias que explicaremos a detalle en siguientes entradas: la expansión del universo, la radiación de fondo de microondas y la forma en la que están distribuidos los elementos químicos en el cosmos.

 

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